Irán ha iniciado el año 2026 sumido en una de sus crisis sociales más profundas de los últimos años.
Desde el pasado domingo 28 de diciembre de 2025, una ola de manifestaciones masivas ha sacudido más de 30 ciudades, incluyendo la capital, Teherán, así como Mashhad, Shiraz y Isfahán.
Lo que comenzó como una huelga de comerciantes en el Gran Bazar de la capital debido al colapso de la moneda local, el rial, se ha transformado rápidamente en un movimiento nacional de rechazo al régimen del líder supremo, Ali Khamenei.
El detonante principal de las protestas es la asfixiante situación económica.
Al cierre de diciembre de 2025, la inflación anual en el país persa superó el 42 %, con un incremento interanual de precios del 52 % solo en el último mes.
El rial iraní se ha desplomado hasta alcanzar mínimos históricos de aproximadamente 1,45 millones de riales por dólar, lo que ha pulverizado el poder adquisitivo de los ciudadanos.
A este escenario se suman la escasez de agua, los constantes cortes de energía y el impacto de las sanciones internacionales impuestas por los Estados Unidos (EE. UU.) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Hasta este 2 de enero de 2026, el saldo de la represión estatal es alarmante.
Organizaciones de derechos humanos como Hrana y Hengaw reportan al menos siete personas fallecidas, más de 30 heridos y al menos 119 detenciones en ciudades occidentales como Kermanshah y Kuhdasht.
El gobierno del presidente Masoud Pezeshkian ha intentado calmar los ánimos reconociendo que existen «demandas legítimas», pero el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán (CGRI) y la milicia Basij han advertido que responderán con dureza ante lo que consideran «sedición» impulsada por enemigos externos.
Por su parte, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha intervenido en la crisis con una advertencia directa a través de sus redes sociales.
Trump aseguró que su administración está «lista para actuar» y que los Estados Unidos (EE. UU.) acudirán al rescate de los manifestantes si el régimen iraní continúa disparando contra civiles pacíficos.
Esta tensión internacional, sumada a las consignas de los manifestantes que ahora exigen un cambio político de fondo y el fin de la teocracia, sitúa a la República Islámica en un momento definitorio para su estabilidad en este arranque de año.
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