La tendencia que arrojó este domingo el preconteo de la segunda vuelta —con Abelardo de la Espriella rondando el 49,7% frente al 48,6% de Iván Cepeda— se lee en buena parte del análisis político como algo más que la victoria de un candidato: representa el cierre de un ciclo, el del primer Gobierno de izquierda en la historia moderna de Colombia, y un giro hacia un proyecto de derecha que llega con un discurso de mano dura y ajuste fiscal.
Un Gobierno que dividió aguas desde el inicio
Gustavo Petro asumió la Presidencia el 7 de agosto de 2022 con un programa de fuerte contenido social, recogido en el Plan Nacional de Desarrollo «Colombia, potencia mundial de la vida».
Los primeros meses fueron de relativa amplitud: logró sacar adelante una reforma tributaria que aumentó la recaudación gravando con más fuerza a las personas de mayores ingresos y a las empresas petroleras y mineras, además del propio Plan de Desarrollo.
Pero, según analistas como Sergio Viveros, esa coalición inicial se rompió pronto: «De repente un día rompió la coalición y decidió gobernar solo con su grupo ideológico de izquierda», lo que le restó las mayorías necesarias en el Congreso para sacar adelante sus reformas más ambiciosas.
El resultado fue un cuatrienio descrito por analistas legislativos como «atípico, ideologizado, desgastante y complejo».
De las 331 iniciativas aprobadas por el Congreso durante el periodo, solo 32 fueron de origen gubernamental; el resto surgió por iniciativa parlamentaria, lo que convirtió al de Petro en el Gobierno con menor tasa de aprobación de proyectos en el Legislativo de los últimos 16 años.
De las tres grandes reformas sociales que prometió —laboral, pensional y de salud—, solo las dos primeras lograron aprobarse; la reforma a la salud, el proyecto más emblemático de su administración, naufragó en el Congreso en medio de fuertes cuestionamientos.
Lo que deja en cifras
El balance económico y social del Gobierno admite lecturas encontradas.
Por el lado social, la pobreza monetaria y la pobreza extrema se redujeron de forma sostenida: cerca de 2,2 millones de personas salieron de la pobreza y alrededor de un millón superaron la pobreza extrema entre 2022 y 2026.
El desempleo cayó a mínimos históricos —8,8% en marzo de 2026, el nivel más bajo para ese mes desde 2001— y el salario mínimo real creció cerca de 39% en el periodo, casi nueve veces más rápido que en la década anterior, sin que ello derivara en una destrucción visible de empleo.
Por el lado fiscal, sin embargo, el panorama es más sombrío: el déficit fiscal llegó a 6,4% del PIB en 2025, un nivel no visto en varias décadas, y la deuda pública aumentó cerca de 50% frente a 2022, hasta superar el billón doscientos mil millones de pesos.
La inflación se mantuvo por encima de la meta del Banco de la República, cuya independencia fue cuestionada en reiteradas ocasiones por el propio Petro.
Según un informe de Corficolombiana citado en mayo, Colombia llegó a ubicarse en la última posición entre las principales economías de la región en inversión como proporción del PIB.
Seguridad y paz total, la gran deuda
Si hay un frente en el que el desgaste del Gobierno fue más evidente, es el de la seguridad.
La política de «paz total», bandera inicial de Petro para negociar con todos los grupos armados ilegales del país, terminó asociada en la opinión pública a un deterioro del orden público: un informe de la Fundación Ideas para la Paz documentó un aumento del 23% en miembros de grupos armados y un récord en disputas territoriales a comienzos de 2026.
El asesinato del precandidato Miguel Uribe Turbay en agosto de 2025, tras un atentado meses antes, quedó como uno de los episodios más graves del periodo y fue señalado por buena parte de la opinión pública como un fracaso directo de esa estrategia.
Una aprobación alta que no logró transferirse a Cepeda
Pese a ese balance mixto, Petro llegó al final de su mandato con niveles de aprobación inusualmente altos para un presidente saliente en Colombia: una encuesta de Invamer divulgada en mayo le otorgó más de 50% de respaldo.
Ese capital político, sin embargo, no terminó de trasladarse a Iván Cepeda, el candidato elegido por el Pacto Histórico para darle continuidad al proyecto.
Analistas citados por CNN atribuyeron parte de esa dificultad a una campaña marcada por la «monotonía» de sus actos y discursos leídos con poca conexión emocional, además de un paso en falso al poner en duda, igual que Petro, los resultados de la primera vuelta antes de terminar reconociéndolos.
La crisis del sistema de salud y la persistencia de la violencia armada figuraron, según encuestas, entre las principales preocupaciones de los colombianos de cara a esta elección, dos de los frentes donde el balance del Gobierno saliente es más débil.
Lo que viene
De confirmarse en el escrutinio oficial la ventaja que muestra el preconteo, Abelardo de la Espriella —un abogado y empresario sin trayectoria política previa que ha basado su discurso en la mano dura contra el crimen, el ajuste fiscal y un realineamiento con Washington— se convertiría en presidente el 7 de agosto, marcando el fin de un experimento que, según coinciden distintos análisis, deja en Colombia tanto avances sociales medibles como una economía más debilitada en lo fiscal y una sensación extendida de inseguridad que terminó por inclinar la balanza hacia la derecha.
Sigue al director de Alertas 24 en X para recibir más contenido relevante al instante:

