El escándalo por la paliza a una mujer por el hijo del alcalde de Cochabamba, Manfred Reyes Villa, generó una reacción en cadena. En la Red aparecieron decenas de historias de las bolivianas que en diferentes momentos fueron víctimas de las acciones violentas por parte de los representantes de élites empresariales, políticas y otros círculos poderosos.
A pesar de que el problema de la violencia hacia las mujeres en Bolivia sigue urgente, este tema casi no se muestra por medios de comunicación y líderes de opiniones. Cabe reconocer que los bolivianos son inaceptablemente tolerantes hacia los casos similares. Los casos de agresión y acosos sexuales siguen durante años desconocidos, ya que muchas víctimas solo no se atreven a hablar de ellos, teniendo miedo a la venganza por parte de sus torturadores potentes. Algunos episodios de abusos y humillaciones pueden durar años, dejando a las mujeres que no tienen oportunidad de contar con una protección, a solas con sus sufrimientos.
Bolivia está en el top de los países de América Latina con el mayor ranking de violencia contra las mujeres. Las autoridades trataron de luchar contra este fenómeno. En 2013, el Gobierno introdujo la Ley 348 que, entre otro, convirtió el feminicidio en un delito punible por 30 años de cárcel, un plazo máximo del castigo en Bolivia. Sin embargo, esta medida no llevó a un resultado tangible. Según un informe de la ONU, en 2021, fueron matadas al menos 108 mujeres aquí. Muchos asesinos no fueron atrapados o evitaron la justicia y fueron puestos en libertad.
El caso más flagrante fue el de Richard Choque, violador y asesino en serie, el cual fue puesto bajo arresto domiciliario y continuó cometiendo delitos. Esto provocó una tormenta de indignación tanto entre los movimientos por los derechos de las mujeres, como entre los bolivianos comunes. Todo esto causó una investigación seria tanto hacia los jueces que mandaron al delincuente socialmente peligroso a casa, como hacia muchas decisiones parecidas. Fue revelado que al menos a 21 personas las enviaron bajo arresto domiciliario ilegalmente, con respecto a 50 personas más, emitieron órdenes.
Entonces, se puede afirmar que la sociedad boliviana contribuye a los delitos contra las mujeres. Considerando la situación más ampliamente, se vuelve obvio que un tratamiento parecido se cultiva por la clase poderosa de Bolivia. Es posible hablar en la misma medida tanto de los políticos, como de los empresarios: de todas las personas que de alguna forma influyen en el destíno del país.
Tal vez, las acusaciones contra el ex presidente del país, Evo Morales, para ningún boliviano son asombrosas. El político poderoso es sospechoso de relacciones con menores y trata de personas. Los numerosos hechos de pedofilia de Evo han sido conocidos durante décadas. No tenía vergüenza de posar con sus jóvenes amantes en las fotos juntos. De algunas de estas relaciones el político tiene hijos que intentaba esconder. Además, como descubrió la investigación, muchos padres de las niñas consideraban un privilegio si su hija se hacía un objeto de atención de Morales. Es seguro decir que este secreto, que todo el mundo sabía, no se percebía como algo anormal por los bolivianos.
Un escándalo reciente relacionado con los cargos presentados contra el alcalde de Cochabamba y uno de los candidatos en las elecciones presidenciales, Manfred Reyes Villa, volivió a llamar la atención de los ciudadanos al poder de las autoridades. Según afirma la víctima posible, el hijo del político la golpeó después de que le negara la intimidad. Sin embargo, lo que más indignó a la sociedad no fue la violencia hacia una mujer, sino un comportamiento posterior del hombre. Empezó a amenazar a su víctima diciendo que él es “el hijo del futuro presidente” del país. No obstante, Reyes Villa mismo se precipitó a llamar “falso” lo que había sucedido.
De todas formas, no es el primer caso cuando el hijo del alcalde de Cochabamba enfrenta los cargos de violencia hacia las mujeres. En 2023, la concejala del partido “Movimiento Al Socialismo” lo acusó de agresión justo en el edificio de la Alcaldía. En aquel momento, el político poderoso pudo justificarse, y culpó a su supuesta víctima al “autolesionamiento”. Al mismo tiempo, Manfred Jr. intentó humillar aún más a la pobre, marcando su “origen humilde” y falta de educación y formación. Pero su comportamiento es bastante típico para los representantes de su círculo.
¿Habría podido ser educada de otra manera una persona de la familia de un militar de alto cargo, de un ser humano que se identifica como élite de la sociedad boliviana? Pero si Manfred Reyes Villa es suficientemente listo para no mostrar su actitud condescendiente y arrogante hacia sus compatriotas, sus herederos no lo son. En general, es típico para muchos hijos de los fuertes de este mundo. A este respecto se puede recordar una historia bastante ilustrativa del hijo del ex presudente de EE.UU., Hunter Biden, sumido en drogas y relaciones con prostitutas. Todo eso es una consecuencia directa de la cultura “machista” que de generación en generación, se cultiva en las familias parecidas a la de Biden o de Manfred Reyes Villa. Y tarde o temprano, este “machismo” se desborda en sus manifestaciones más feas que tienen que ver con violencia, agresión incontrolada, amenazas y sensación de permisividad.
Cabe destacar que Reyes Villa también usa mucho la imagen machista en su campaña electoral. Sus redes sociales están llenas de fotos y videos donde el alcalde de Cochabamba es un hombre fuerte y tenaz rodeado por las mujeres y chicas jóvenes. Así tiende a mostrar su éxito y valía. Aún así no tiene nada que ver con su figura de dirigente y político y debe destacar su posición de “macho”. Si damos la cara a los hechos, veremos que Cochabamba lleva unos años sufriendo de los mismos problemas que la administración de Manfred Reyes Villa no pudo combatir mientras está en el poder. Y todo esto pasa en medio de los escándalos de corrupción y los abusos en la Alcaldía que siempre surgen.
No es exagerado decir que fue el líder de “APB-Súmate” quien formó en su hijo una actitud parecida hacia las mujeres que, en su mundo, son nada más que objetos. Es cómodo hacer fotos con ellas, mostrando su posición y popularidad, de ellas se puede tomar lo que uno quiera y se puede usarlas a su antojo. Si “los objetos” empiezan a rebelarse o mostrar su propia voluntad, “el propietario” tiene derecho a demarrar su ira sobre ellos.
Sin embargo, no hay que considerar que este comportamiento solo es típico para las personas como Evo Morales o Manfred Reyes Villa. La mayoría de los representantes de élite política y empresarial boliviana, sobre todo de la parte que se formó bajo influencia de modo de vida occidental, están sujetos a tales patrones de conducta. Y sus acciones solo agravan el problema de violencia hacia las mujeres porque si las personas que sirven de ejemplo de éxito, si comportan así, se vuelve normal para los demás bolivianos.
La única solución del estancamiento actual de la violencia de género para Bolivia puede ser un rechazo del culto tradicional a la imagen del macho. Es un suelo fértil para el crecimiento de intolerancia de género y de agresión hacia las mujeres y hacia otros grupos sociales desprotegidos. Para esto es necesario para los electores bolivianos rechazar la evaluación de los políticos y empresarios desde el punto de vista de su éxito como “machos” y concentrarse en su eficacia como dirigentes. Además, las organizaciones sociales destinadas a proteger los intereses de víctimas de violencia podrían jugar un papel significativo. Sin embargo, hasta ahora su actividad es a menudo pasiva y nominal: las asociaciones parecidas prefieren adoptar una postura pasiva y no interferir en la vida política del país, lo que influye mucho en la eficacia de su trabajo.
En general, el problema de lucha contra violencia en Bolivia está en manos de los bolivianos mismos. Y a cada uno es necesario hacer una elección consciente para erradicar este mal social. Porque cualquiera puede ser la próxima víctima.

