Las constantes fallas en el suministro de energía eléctrica que se registran en Venezuela han generado consecuencias directas en la salud psicológica de la población, manifestándose en cuadros de estrés crónico y alteraciones en el descanso nocturno.
De acuerdo con un informe publicado por el diario Tal Cual, la inestabilidad del servicio no solo compromete la operatividad de los equipos del hogar y la economía de los ciudadanos, sino que mantiene a la población en una situación de desgaste físico debido a la interrupción de las rutinas diarias.
En las declaraciones recopiladas por el citado medio, la docente jubilada Milagros Corona, de 53 años y residente del estado Apure, detalló el impacto de los racionamientos nocturnos en su vida cotidiana al declarar:
«Me siento estresada, con ganas de llorar y con los nervios alterados».
Puntualizó que «cuando la electricidad es interrumpida en la madrugada, es agotador» debido a que «es difícil poder conciliar el sueño», una situación recurrente que, según explicó, mantiene su patrón de descanso descontrolado y le genera cansancio corporal crónico.
Consultada por Tal Cual, la psicóloga Karla Morillo, especialista del Centro de Investigación Psiquiátrica, Psicológica y Sexológica de Venezuela, institución conocida por sus siglas (CIPPSV), confirmó que «las fallas eléctricas pueden desarrollar un aumento de estrés, incluso un estrés crónico».
La profesional de la salud acuñó el término técnico de «insomnio eléctrico» para describir el estado de agotamiento severo derivado de la imposibilidad de planificar la vida cotidiana y la falta de descanso regular, una condición que produce sintomatologías físicas comprobadas como cefaleas recurrentes, tensión en el área ocular e incertidumbre ante la falta de un cronograma oficial de cortes de energía.
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