El racionamiento eléctrico se intensificó en las últimas semanas en Venezuela. Sectores urbanos que hasta hace poco reportaban interrupciones de servicio de aproximadamente cinco horas diarias ahora registran cortes de hasta seis horas, mientras que en zonas rurales la situación es considerablemente más severa, con racionamientos que oscilan entre 8 y 12 horas al día.
De acuerdo con reportes recogidos en distintas regiones del país durante las últimas dos semanas, el promedio nacional de interrupciones del servicio eléctrico ya se ubica en torno a las seis horas diarias.
En el estado Carabobo, vecinos y autoridades de varios municipios, entre ellos San Diego, exigieron a la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) la publicación inmediata de un cronograma formal, tras registrar interrupciones continuas de entre cuatro y cinco horas diarias.
El concejal Israel Figueredo cuestionó además la relación entre las tarifas cobradas y la calidad del servicio prestado.
Un panorama similar se repite en el estado Lara, donde habitantes de varias comunidades solicitaron a la empresa estatal la publicación y el cumplimiento de un cronograma de administración de cargas, luego de que los cortes superaran las cuatro horas diarias, con notificaciones de suspensión que, según los afectados, llegan con retraso respecto al horario real de corte.
La administración de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ha justificado el recrudecimiento de los racionamientos con el argumento de un plan de ahorro energético ante el aumento de temperaturas, la disminución de los periodos de lluvia y la reducción de las fuentes hídricas que alimentan el sistema hidroeléctrico nacional, efectos que —según el Ejecutivo— podrían extenderse desde agosto hasta principios de 2027.
Sin embargo, estos argumentos han sido cuestionados por sectores que atribuyen la falla del servicio a la incapacidad de Corpoelec para cubrir una demanda eléctrica nacional que ronda los 13.000 megavatios.
En las zonas rurales, donde los cortes suelen duplicar o triplicar el promedio urbano, la situación golpea con mayor fuerza las actividades cotidianas: desde el uso de bombas de agua y ascensores hasta la conservación de alimentos y el funcionamiento de comercios que no cuentan con plantas eléctricas propias.
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