Tres años exactos después de la tragedia, el misterio sobre por qué implosionó el sumergible Titán tiene ahora una respuesta oficial.
La Junta de Seguridad en el Transporte de Canadá publicó su informe final sobre el siniestro ocurrido el 18 de junio de 2023, y el veredicto es categórico: la embarcación acumuló daños estructurales progresivos que nunca fueron detectados debido a una supervisión del mantenimiento completamente insuficiente.
El problema de raíz: un diseño experimental sin controles
El informe apunta directamente al material con el que fue construido el casco de presión de la nave como el origen del problema.
«El casco de presión del Titan consistía en un cilindro de fibra de carbono con cúpulas de titanio en ambos extremos. El uso de fibra de carbono en el casco de presión de un sumergible tripulado para inmersiones a gran profundidad es novedoso; los sumergibles para este fin suelen estar construidos de acero o titanio. Además, el casco de presión suele ser esférico, no cilíndrico, ya que esta forma es la más adecuada para resistir la presión externa y permitir una distribución uniforme de las tensiones», señala el documento.
El diseño, en pocas palabras, era una apuesta experimental en un entorno donde el margen de error es cero.
Y lo que es peor: ese cilindro de fibra de carbono que constituía el casco nunca fue inspeccionado de forma adecuada, y la construcción y las pruebas del vehículo nunca cumplieron con las normas estándar de ingeniería.
OceanGate no sabía cuánto aguantaba su propio sumergible
La consecuencia de esa falta de controles fue que la empresa propietaria, OceanGate, desconocía cuántos ciclos de inmersión y emersión podría resistir el Titán antes de comenzar a deteriorarse estructuralmente.
En otras palabras, la compañía operaba con pasajeros a más de tres mil metros de profundidad sin saber cuál era el límite de vida útil de su embarcación.
El último viaje
El 18 de junio de 2023, el Titán perdió contacto con su buque nodriza aproximadamente una hora y 45 minutos después de sumergirse con destino a los restos del Titanic, que descansan a 3.800 metros de profundidad en el fondo del Atlántico Norte.
Cuatro días de búsqueda después, los restos del sumergible aparecieron a unos 488 metros de la proa del legendario naufragio.
Los cinco ocupantes —el empresario y fundador de OceanGate, Stockton Rush; el magnate paquistaní Shahzada Dawood y su hijo Suleman; el explorador francés Paul-Henri Nargeolet; y el empresario británico Hamish Harding— fallecieron en el acto.
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