Un venezolano identificado únicamente con la inicial C. relató al diario español El País cómo fue deportado desde Estados Unidos hacia Liberia, en África Occidental, tras enterarse por casualidad de su traslado apenas horas antes de abordar el vuelo.
«Me enteré de que sería deportado a África apenas unas horas antes del vuelo. Nadie me lo notificó, lo descubrí yo mismo por casualidad al alcanzar a ver mi nombre en la lista», contó el hombre, de 36 años, quien llevaba cinco años viviendo y trabajando en territorio estadounidense.
Según su testimonio, no tuvo oportunidad de defenderse legalmente ni de despedirse de su familia antes de la deportación.
«Ya estaba todo decidido», afirmó.
El 19 de agosto, agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE) lo embarcaron en un vuelo chárter que partió desde Alexandria, Luisiana, con destino a Monrovia, capital de Liberia, junto a otros ciudadanos de América Latina, el Caribe y el África subsahariana.
Se trata del primer grupo de un total de aproximadamente 1.200 personas que el Gobierno liberiano de Joseph N. Boakai aceptó recibir en el plazo de un año, en el marco de uno de los mayores acuerdos bilaterales firmados por la administración de Donald Trump dentro de su política migratoria.
De las 20 personas que llegaron a Liberia en ese vuelo, seis se negaron a descender de la aeronave y fueron trasladadas posteriormente a Malabo, en Guinea Ecuatorial.
Quienes sí desembarcaron en Liberia, entre ellos C., fueron llevados a un hotel en Marshall, una ciudad costera ubicada a unos 50 kilómetros de Monrovia, donde permanecen desde hace más de una semana sin fecha definida de salida.
C. explicó que salió de Venezuela en 2021, tras haber ejercido oposición política en la región andina del país.
«Como opositor político, arriesgué mucho en mi último año allá. Huí de Venezuela porque estuve a punto de que me mataran», relató.
Ya en Estados Unidos, obtuvo un permiso de residencia temporal renovable de forma anual que le permitía trabajar legalmente mientras se desempeñaba en la venta de vehículos durante el día y en la entrega de comida a domicilio por las noches.
Su situación cambió en diciembre de 2025, cuando acudió a una cita rutinaria en las oficinas de inmigración.
Según contó, fue detenido en ese momento bajo el argumento de una «investigación especial» sobre su caso, un proceso que en principio debía durar dos semanas pero que se extendió durante ocho meses, en los que fue trasladado por nueve centros de detención distintos.
«Son lugares donde nadie querría estar: sucios, llenos de ratas. También hay personas que han cometido delitos, pero yo soy inocente», denunció.
Entre los episodios más dolorosos de su detención, C. mencionó no haber podido estar presente en el nacimiento de su hijo, a quien solo ha visto por videollamada desde que nació hace cinco meses.
«Son cosas que no se le desean a nadie», expresó.
Según el testimonio recogido por El País, el propio Gobierno de Liberia aseguró que las personas deportadas a ese país tendrían libertad de movimiento, así como la posibilidad de solicitar asilo en territorio liberiano o de marcharse a otro destino.
Sigue al director de Alertas 24 en X para recibir más contenido relevante al instante:

