Tras la confirmación del Vaticano de que el papa León XIV padece un adenocarcinoma pulmonar, muchas personas se preguntan en qué consiste esta enfermedad, cómo se detecta y qué posibilidades de tratamiento existen.
El adenocarcinoma pulmonar es un tipo de cáncer que se origina en las células glandulares del pulmón, aquellas que producen mucosidad.
Pertenece al grupo de los cánceres de pulmón de células no pequeñas, junto con el carcinoma escamoso y el de células grandes, y es el subtipo más común de cáncer de pulmón.
Aunque el tabaquismo es el principal factor de riesgo, este tumor también aparece en personas que nunca han fumado.
Otros factores asociados son la exposición a sustancias cancerígenas, como el humo ajeno, el asbesto, el gas radón y la contaminación del aire.
Una de sus características es que, en las etapas iniciales, suele no causar síntomas.
Por eso muchos casos se descubren de forma casual, como un nódulo visto en una radiografía o una tomografía realizadas por otro motivo.
Cuando aparecen manifestaciones, las más frecuentes son:
- Tos persistente que no mejora o empeora.
- Tos con sangre.
- Dolor en el pecho o en la parte alta de la espalda.
- Falta de aire.
- Ronquera.
- Pérdida de peso sin causa aparente.
- Cansancio y debilidad.
- Infecciones respiratorias que se repiten o no se curan.
La sospecha suele surgir a partir de estudios por imágenes.
Para confirmar el diagnóstico es necesario analizar una muestra del tejido, ya sea mediante biopsia o tras la extirpación del tumor, en un estudio de anatomía patológica. Ese análisis también permite conocer el tipo y el grado del tumor, datos que influyen en las decisiones posteriores.
Cómo se trata
El tratamiento depende del estadio de la enfermedad, del tamaño y la ubicación del tumor, de los ganglios afectados, de la función respiratoria y del estado general del paciente.
En las etapas tempranas, la cirugía para extirpar el tumor es el tratamiento principal.
Según el caso, puede consistir en retirar una pequeña parte del pulmón, un segmento o un lóbulo completo, procedimiento conocido como lobectomía.
Tras la operación, los médicos evalúan si se necesita un tratamiento complementario, como quimioterapia, según las características del tumor.
En etapas más avanzadas se combinan quimioterapia y radioterapia, y en casos de enfermedad extendida se recurre a terapias dirigidas e inmunoterapia, de acuerdo con las características genéticas del tumor.
El pronóstico depende, sobre todo, de lo temprano que se detecte.
Las estadísticas poblacionales indican que la supervivencia a cinco años en el estadio I es alta, con cifras que, según el subestadio y la fuente, oscilan entre el 60 % y el 90 %, y que disminuye a medida que la enfermedad avanza.
Se trata de promedios de grandes grupos de pacientes y no predicen la evolución de una persona en particular.
El comunicado de la Santa Sede no informó el estadio del tumor ni si se requerirán tratamientos adicionales, por lo que no es posible estimar su pronóstico.
Sigue al director de Alertas 24 en X para recibir más contenido relevante al instante:

