La madrugada del 3 de enero de 2026 marcó un antes y un después en la historia contemporánea de Venezuela, tras ejecutarse una operación militar de Estados Unidos en Caracas que desarticuló de forma estrepitosa la estructura del gobierno chavista.
En medio del caos generado por las explosiones y el sobrevuelo de aviones de combate, Nicolás Maduro logró grabar un mensaje de despedida para sus seres queridos.
Su hijo, Nicolás Maduro Guerra, relató en una entrevista exclusiva al diario español El País que conserva dicho audio, donde se escucha a su padre decir:
“Nico, están bombardeando. Que la patria siga luchando, vamos para adelante”. Según el testimonio de su hijo, en ese instante el mandatario estaba convencido de que sus últimos minutos de vida habían llegado.
Durante las horas más críticas de aquella madrugada, el pánico se apoderó de los altos mandos del oficialismo debido a que la comunicación con el presidente se interrumpió abruptamente.
Maduro Guerra confesó haber llamado de manera insistente a su padre entre las dos y las tres de la mañana sin obtener respuesta alguna.
Ante el silencio, contactó a los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, quienes llegaron a la conclusión de que el líder del chavismo había muerto en el ataque.
Esta incertidumbre fue tal que los principales voceros del gobierno se negaron a establecer cualquier tipo de diálogo con los mediadores estadounidenses si no se presentaba previamente una fe de vida, mientras que figuras como Diosdado Cabello tampoco lograban precisar el paradero o estado del mandatario.
Lejos de las versiones oficiales que sugerían refugios de máxima seguridad, la captura de Nicolás Maduro se produjo en una vivienda de apenas dos niveles, con paredes sin blindaje y vidrios sencillos.
Maduro Guerra desmintió la existencia de búnkeres sofisticados, revelando que el lugar donde su padre buscó refugio por instinto de supervivencia fue, en realidad, un armario de madera.
Durante la irrupción, los efectivos captores volaron la puerta del clóset con un disparo, acción que provocó que el exmandatario sufriera un fuerte golpe en la rodilla.
En el mismo espacio, Cilia Flores perdió el conocimiento tras impactar contra un mueble, dejando rastros de sangre que aumentaron la angustia familiar hasta que se confirmó que ambos habían sobrevivido al incidente.
La caída del gobierno se atribuye a una suma de factores que Maduro Guerra define como una mezcla de sanciones, errores políticos y traiciones de intereses.
De acuerdo con fuentes consultadas por El País, el círculo de Maduro menospreció la capacidad de acción de la administración de Donald Trump, esperando una invasión terrestre para la cual las tropas estaban mejor preparadas.
El entorno político sostiene que el mandatario estaba mentalizado para morir en combate o durante un bombardeo, pero nunca contempló la posibilidad de ser extraído con vida del país para enfrentar la justicia extranjera.
Actualmente, Nicolás Maduro permanece en una celda de aislamiento en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, en Nueva York, donde dispone de apenas 510 minutos al mes para contactar a su familia.
En estas conversaciones, el exmandatario ha mostrado una faceta espiritual inédita, dedicando sus horas a la lectura obsesiva de la Biblia y recitando versículos de los Salmos, Mateo y Corintios.
Su hijo anota cada referencia bíblica, ya que los mensajes que Maduro emite desde prisión se han vuelto casi exclusivamente de carácter religioso.
Además, ha leído cerca de 60 libros en cautiverio, incluyendo clásicos como Doña Bárbara y obras de Gabriel García Márquez, mientras que solicitó el código penal neoyorquino para que Cilia Flores lo estudie desde el ala femenina de la misma cárcel.
A pesar de las severas condiciones de reclusión, el detenido mantiene su interés por temas deportivos, manifestando su descontento por la eliminación del FC Barcelona de la Champions League el pasado 14 de abril.
También se supo que compartió brevemente espacio con el rapero Tekashi 6ix9ine, a quien le firmó un juguete de Bob Esponja sin reconocer su identidad.
En el ámbito legal, su defensa es liderada por el abogado Barry Pollack, cuyos honorarios son cubiertos por el Estado venezolano tras una disputa judicial.
Mientras aguarda juicio por cargos de narcoterrorismo, su hijo insiste en que no poseen fortunas ocultas y que la familia en Caracas lo considera, ante todo, un «rehén» político de Estados Unidos.
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