Los vecinos de la fábrica de fuegos artificiales que explotó el jueves 11 de septiembre en el municipio San Francisco, estado Zulia, permanecen en sus casas afectadas, a la espera de soluciones para la reparación de sus viviendas.
Esto ocurre a cuatro días de la tragedia, que dejó a decenas de familias sin hogar, a otras con daños parciales y a 48 heridos, todos fuera de peligro según las autoridades.
Wilmary León, quien reside a 300 metros de donde ocurrió la explosión, pernocta en el patio de su casa, en un techo que improvisó con las pocas latas de zinc que pudo rescatar.
Su vivienda está inhabitable; la estructura metálica que sostenía las láminas de zinc y acerolit de su techo colapsó con el impacto.
“Yo quiero que me acomoden mi techito y que ayuden a todo el que puedan. En estos momentos todos somos damnificados. Hay mucha tristeza porque es una zona muy vulnerable, de bajos recursos, y la mayoría no tiene para arreglar su casa y su rancho; tienen el corazón en angustia”, dijo la afectada en entrevista telefónica con El Pitazo.
Las autoridades no han informado hasta la fecha una cifra oficial de damnificados, aunque el gobernador del Zulia, Luis Caldera, informó el jueves 11 que al menos 482 viviendas registraron daños.
A León la han censado dos veces personas distintas.
“Primero vinieron los del consejo comunal y después unos estudiantes de la Unes con unas planillas. Ayer vinieron otras personas a medir el techo. Pero, hasta ahora no nos han dicho si nos van a ayudar o no”, dijo la ama de casa con incertidumbre.
Wilmary fundó hace 17 años el barrio Ricauter Fuenmayor II, uno de los ocho sectores de la parroquia Marcial Hernández afectados por la explosión. Entonces, no había fábrica de fuegos artificiales.
“Apenas estaban construyendo el galpón cuando empecé a vivir ahí. Yo pido a las autoridades conciencia a la hora de registrar comunidades que están en zona de peligro, porque todos necesitamos una vivienda, pero si pone nuestra vida en peligro es mejor que no”, dijo.
La ama de casa, como muchos de sus vecinos, prefiere pernoctar en las ruinas de sus vivienda con el propósito de asegurar lo poco que rescató.
“La gente lo que hace es llorar, queremos una respuesta rápida. La gente no se va porque tiene miedo que le quiten lo poquito que le queda o que otro se haga pasar por alguien damnificado y no nos ayuden”, comentó.
Con información de El Pitazo
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