Pasó 36 años en prisión por un crimen que, asegura, no cometió y revela lo que más le sorprendió al salir

Alertas 24
DANIEL WALLACE | Times OT_322381_WALL_schofield_15 (05/05/2010 Bartow) Leo Schofield listens to proceedings at the Polk County Courthouse on Wednesday morning. STORY SUMMARY: In 1987, Michelle Saum Schofield, 19, was stabbed 23 times and her body dumped in a canal in Lakeland. Her Mazda was found abandoned seven miles away with her blood in it and unidentified fingerprints. Based on the testimony of a witness, who was contradicted by two other witnesses, a jury found her husband Leo Schofield guilty. He has been in prison for 21 years.In 2004 new evidence surfaced, when a run was done on the fingerprints, and they matched Jeremy Scott who is in prison for another murder. Leo gets an evidentiary hearing Wed. and Thurs. so a judge can look at the new evidence and decide if Leo Schofield should get a new trial. [DANIEL WALLACE, Times]

Un estadounidense que salió de prisión hace menos de un año cuenta cómo ha cambiado el mundo durante las casi cuatro décadas que pasó encarcelado por un crimen que él sostiene que no cometió. En recientes declaraciones a Daily Mail, Leo Schofield afirmó que percibe una sociedad «muy fría», donde todos «están mirando sus teléfonos».

Schofield fue arrestado en 1988, un año después de que se encontrara el cuerpo de su esposa Michelle en un canal a las orillas de la carretera. El crimen ocurrió en febrero de 1987 cuando ella salía de su turno en un autoservicio de hamburguesas del estado de Florida. Los dos recién casados debían encontrarse para comer juntos, pero Michelle, de 18 años, nunca apareció.

Leo y Michelle Schofield en su boda.

En las horas siguientes, Schofield, que tenía 21 años, trató de localizarla con sus familiares y amigos cercanos. Al no tener respuesta, emprendieron una búsqueda exhaustiva por tres días que llevó a detectar su automóvil abandonado al costado de la carretera. Seguidamente, el padre de Michelle encontró su cadáver, cuyo estado impactó a la familia. La habían apuñalado 26 veces y la autopsia concluyó que se había desangrado hasta morir.

Rápidamente, su esposo se convirtió en el principal sospechoso, a pesar de que no había pruebas físicas que lo unieran a la escena del crimen. En junio de 1988, la Fiscalía presentó 21 testigos que lo acusaron de tener un mal carácter que lo llevaba a ser violento con Michelle en algunas ocasiones. Además, dijeron que ambos mantenían un matrimonio inestable debido a su juventud. Estos testimonios fueron la base principal de su condena a cadena perpetua.

El verdadero asesino

No obstante, el caso presentaba detalles inconclusos y Leo Shoefield nunca dejó de intentar demostrar su inocencia. Dentro del auto de Michelle se encontró una huella dactilar ensangrentada que no fue vinculada ni con ella ni con Schofield y que podía probar que él no estuvo allí. Sin embargo, fue apenas en 2004 que la tecnología permitió ubicar en la escena del crimen a otro sospechoso, Jeremy Scott.

Scott es un asesino convicto que cumple cadena perpetua por un crimen no relacionado y que vivía a menos de tres kilómetros de donde se encontró el cuerpo de Michelle. Aunque varias veces negó estar involucrado en su muerte, en 2017 los abogados de Schofield contrataron a investigadores privados que lograron hacerlo confesar. Scott dijo que ese día Michelle le había ofrecido llevarlo en su auto y terminaron forcejeando luego de que a él se le cayera un cuchillo del bolsillo. Ese mismo año, testificó ante un tribunal y admitió que la había asesinado.

Jeremy Scott.

«La gente se ha vuelto muy fría«

Luego de varias peticiones de audiencias y 36 años tras las rejas, Schofield consiguió la libertad condicional en abril de 2024. Al salir, se reunió con su familia, ahora conformada por su segunda esposa, una exagente estatal de libertad condicional con quien se casó en 1995, su hija y sus nietos.

Aunque antes de su condena era un excelente mecánico, tras salir de la cárcel no duró mucho en su primer trabajo, pues los automóviles actuales son muy distintos a los de hace casi cuatro décadas. Según dijo al medio, los años en la celda le despojaron de su identidad. Además, percibió que «la gente se ha vuelto muy fría«. «En prisión conviven las 24 horas del día los siete días de la semana y el ambiente es mucho más social; aquí fuera es más difícil conectar a nivel personal», afirmó.

Con información de ANRT

Comparte este artículo
Deja un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *