La percepción de que los racionamientos eléctricos han empeorado no es solo una sensación: los datos disponibles confirman que la demanda de la industria petrolera, en plena fase de reactivación, se ha convertido en un factor adicional de presión sobre un Sistema Eléctrico Nacional (SEN) que ya arrastraba años de deterioro.
Durante décadas, PDVSA contó con plantas termoeléctricas propias diseñadas específicamente para blindar la producción de crudo de las fallas del sistema nacional.
Sin embargo, a partir de 2011 la gestión de esos activos fue transferida a Corpoelec, integrándose por completo al Sistema Eléctrico Nacional.
Ese cambio estructural eliminó la barrera que separaba el consumo industrial petrolero del consumo residencial.
Actualmente, de una capacidad instalada térmica de 1.212 megavatios, apenas el 17,1% está operativo en la industria petrolera, lo que la obliga a depender en gran medida de la energía que genera el embalse de Guri —la misma que abastece a los hogares venezolanos.
Según un análisis de datos operativos de mayo de 2026, para sostener una producción cercana a 988.000 barriles diarios y procesar 240.000 barriles en refinerías, la industria petrolera requiere una carga base constante de aproximadamente 1.382 megavatios.
Ese consumo se suma a un sistema que, según especialistas del sector, ya opera con márgenes muy ajustados.
Chevron confirmó la falta de independencia eléctrica
La gerente de Asuntos Corporativos de Chevron en Venezuela, Susana Brugada, lo dejó establecido sin ambigüedades: la mayoría de la producción petrolera venezolana se origina en la Faja Petrolífera del Orinoco, una zona que no tiene independencia del Sistema Eléctrico Nacional.
Brugada explicó además las consecuencias prácticas de esa dependencia.
Con una analogía doméstica, describió el impacto de las fluctuaciones:
“Cada vez que ocurre uno de los fallones de luz, que la nevera de todos nosotros empieza a sufrir y se nos cayó el computador, imagínense lo que eso le hace a los pozos de petróleo”.
La ejecutiva precisó el efecto en cifras concretas:
“Cada fliqueo de luz nos puede tumbar 40 pozos de un solo pestañazo, que no es que volvió la luz y los 40 pozos se levantaron”.
Restablecer la operación, explicó, no es un simple reinicio: es un proceso técnico lento y costoso.
“Sacamos la calculadora de lo que puede producir y estamos hablando de que eso realmente es una merma en la producción nacional”, enfatizó.
El gobierno prepara una respuesta regulatoria
La evidencia de que la industria no es autosuficiente llevó a las autoridades a actuar.
De acuerdo con un reporte de la agencia Bloomberg conocido en junio de 2026, las nuevas regulaciones de la Ley de Hidrocarburos exigirán a las empresas que inviertan en petróleo y gas ser autosuficientes energéticamente y desconectarse del Sistema Eléctrico Nacional en sus áreas de operación.
El borrador normativo también contempla que empresas privadas puedan actuar como proveedoras independientes de electricidad para los campos petroleros, obligando a toda la cadena de hidrocarburos a operar de forma aislada de la red nacional.
En estados como Zulia y Mérida, considerados los más golpeados por depender del último tramo de la red que parte del Guri, los cortes pueden extenderse hasta por siete horas.
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