A 12 días del terremoto, la familia de Lucas Gámez mantiene la esperanza de encontrarlo con vida en su cumpleaños

Alertas 24

Hoy, 6 de julio, Lucas Gámez Martínez cumple 9 años. No hay pastel ni fiesta: el niño permanece atrapado bajo los escombros del edificio Miramar, en Caraballeda, desde que los dos terremotos arrasaron con La Guaira. Y aun así, sus padres se aferran a una certeza que repiten como mantra: Lucas está vivo.

“Tenemos muchísima fe que está con vida. Hay mucha gente que me ha escrito, que nos ha escrito, que lo ha visto, que ha soñado”, dijeron Marco Gámez y Blancalida Martínez Coronado en un video publicado en Instagram la mañana del día 12 tras el doble sismo.

Marco fue claro sobre lo que viene: todavía queda una remoción de escombros significativa, y solo después se podrá definir cómo avanzar según los nuevos espacios que se abran.

El objetivo, dijo, es llegar hasta Lucas y hasta cualquier otra persona que pudiera seguir con vida allá abajo, para que sus familias puedan reencontrarse. Su pedido fue directo: oración y unidad.

Blancalida —hija del general Carlos Martínez Mendoza, embajador en Colombia, exembajador en Argentina y expresidente de Corpozulia y Carbozulia— fue más allá en su llamado.

Pidió que esa fe que los ha sostenido durante 11 días no se quede solo en palabras de aliento, sino que quienes los acompañan la sientan también, de verdad, en el corazón.

En las últimas horas comenzaron pruebas de sonido diseñadas para captar algo tan sutil como un latido: la técnica que se usa cuando hay razones para creer que alguien sigue con vida bajo una estructura colapsada.

Blancalida contó este domingo que el trabajo se concentra en dos puntos del edificio, luego de que los rescatistas lograran abrirse paso hasta el segundo piso, donde quedaba el apartamento de un familiar.

Ahí siguen cavando, removiendo, abriendo un túnel que permita avanzar con más seguridad hacia las zonas donde creen que podría haber sobrevivientes.

Todo este esfuerzo no nace de la nada. Días atrás, los equipos detectaron calor corporal a diez metros de profundidad —una lectura que, según la tecnología usada, correspondería a un niño.

A esa misma profundidad apareció también un teléfono celular, un hallazgo que alimenta la hipótesis de que Lucas podría estar justamente ahí.

Nadie ha logrado, sin embargo, hablar con alguien atrapado. Cuando los rescatistas entraron parcialmente a la estructura y llamaron a gritos, el silencio fue la única respuesta.

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