El Sistema Eléctrico Nacional (SEN) de Venezuela atraviesa durante este mes de mayo de 2026 una fase crítica de inestabilidad, registrando los niveles de racionamiento de energía más altos reportados desde el año 2012.
La demanda eléctrica actual, que se estima por encima de los 15.500 megavatios (MW), ha superado la capacidad de generación disponible, obligando a la implementación de cortes de suministro que en diversas regiones del país se extienden por lapsos de hasta diez horas diarias.
Esta contingencia operativa ha afectado la continuidad de los servicios públicos y la actividad cotidiana de la población civil, especialmente en los estados del occidente y el centro de la nación.
La emergencia energética ha sido vinculada por expertos a un déficit estructural en la generación hidroeléctrica y térmica.
Como medida de mitigación inmediata, el Ejecutivo ha ordenado la prohibición de actividades de alta demanda energética, como la minería de criptomonedas, y ha solicitado al sector comercial e industrial un ajuste estricto en sus horarios de consumo.
Las constantes fluctuaciones de voltaje, conocidas como «bajones», han derivado en incidentes domésticos y pérdidas materiales para numerosas familias.
Un caso reciente reportado por el medio El Pitazo describe cómo un incendio provocado por un cortocircuito tras un racionamiento de siete horas consumió la vivienda de un joven albañil en el municipio Palavecino, dejando a su núcleo familiar en la calle.
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